Reinaldo tenía 38 años y estaba en el peor momento de su vida. Después de haber trabajado en una aburrida oficina por más de 15 años lo despidieron simplemente por reducción de personal, soltero y sin muchas pretendientes estaba sumergido en una profunda depresión.
Su psiquiatra no le proporcionaba ninguna solución posible, sus amigos no sabían como alentarlo y sus padres, ya entrados en años, no sabían que hacer con él. Su abuela Pichi de unos 93 años sabía de su situación y lo invitó a almorzar, después de escucharlo quejarse una y otra vez por los pesares de su vida no tuvo mejor idea que recomendarle una bruja; tengo una amiga que tira las cartas le dijo.
Reinaldo escéptico al concejo de su abuela no acudió inmediatamente pero después de un par de meses sin ninguna mejoría no tuvo más remedio que hacerle caso a su abuela Pichi y llamó a la bruja para pedirle un turno. Unos días más tarde llegó la hora de acercarse hasta el minúsculo departamento en caballito.
Tenía turno a las 5 de la tarde, Reinaldo llegó puntual. Lo atendió una señora con pinta de gitana que lo acomodó en la sala de espera, donde no había menos de 8 personas esperando ser atendidas por la renombrada futuróloga. Reinaldo se sentó y esperó, agarró la revista Predicciones y se puso a leer una de las tantas historias fantásticas que contenía. Después de unos 40 minutos de larga espera llegó la hora de ingresar, lo esperaba una pequeña habitación oscura y humeante, no podía creer a donde había llegado su desesperación, pero valía la pena intentarlo.
Trascurrieron unos 15 minutos hasta que Inocencia por fin habló, lo primero que le dijo fue que le veía un futuro prominente. En poco tiempo le llegaría el amor, dinero y prosperidad pero había algo oscuro en su futuro que no podía descifrar. Después de conjuros y místicos consejos ella le dijo de una vez lo que no se atrevía. Iba a morir un viernes. Reinaldo sorprendido le pregunto por más datos, ella solo repitió lo mismo: vas a morir un viernes.
Por la cara que puso Inocencia, Reinaldo tomó muy enserio lo que le había dicho, la manera en que se lo había comunicado no dejaba dudas que algo de cierto tenía. El triste joven a los pocos días consiguió un excelente empleo y en él, conoció una agradable señorita la cual comenzó a frecuentar. Pero ninguna de estas mejorías le podía sacar de la cabeza lo que ya sabía, moriría un viernes.
A partir de de esa semana Reinaldo se despedía de todo el mundo los jueves, hacia comidas de despedida que nadie entendía, llamaba a sus amistades con tono nostálgico y le decía a sus padres que no se preocupen por él, que todo estaba escrito.
Los viernes no salía de su casa y por la noche, una vez que ya sabía que seguiría vivo una semana más, hacía fiestas y se emborrachaba hasta quedar destruido. Los fines de semana seguía con sus festejos hasta que llegaba el lunes y sabia que solo le quedaban 4 días de vida, o por lo menos eso pensaba él.
Después de 4 años de llevar la misma rutina Reinaldo se suicidó un martes.
Cada uno forja su propio destino.
Winston.
¡Tienes que ser miembro de Enfermeros.tv para agregar comentarios!
Únete a Enfermeros.tv